4.9.15

El paraíso: Holbox

¿Quién no quisiera volver? Cuando conoces Holbox y conectas con todo a tu alrededor, deseas volver una y otra vez, no para vivir lo mismo exactamente, sino simplemente para sentir, para contemplar, para reencontrarse, para agradecer, o en mi caso, para despedir.


Fui con tres amigos, ésta vez fui la guía oficial, aunque uno de ellos ya conocía la isla, la batuta me la dejó. Sentía mucha responsabilidad, porque el viaje del aeropuerto a la estación de autobuses y después a Chiquilá no es tan rápido, así que tuve miedo de que se desesperaran y me reclamaran jaja. Hace poco uno de ellos contaba una anécdota del viaje y dijo: "Si Jadis nos decía que teníamos que nadar a Cuba, entonces nadábamos a Cuba." jajaja. Durante el trayecto compartí música con uno de ellos, cantábamos, comíamos (compramos varias cosas antes de subir al autobús) y animábamos a los otros dos para que no murieran de calor o de impaciencia. A media hora de llegar, uno de ellos me dijo: "¿Segura que sabes en dónde estamos? Más te vale que sea el paraíso." 

Al llegar a la isla, fuimos directamente al mismo hotel que la vez pasada, al ser 4 personas nos costó prácticamente lo mismo que quedarnos en un hostal con habitaciones compartidas, la diferencia con el hotel era la terraza y su hamaca, y estar en el cuadro principal. Caminando dos calles se llega al muelle. A lado del hotel hay una tienda, a unos pasos hay varios restaurantes, heladerías, cafés, pizzería, y a una calle está la plaza comercial ¡con un cine! Claro que todo esto es la "vida nocturna" de la isla, pero lo importante, para mí, está a la orilla del mar.

Así que después de instalarnos, corrimos al muelle para ver el atardecer. Siempre corro para verlos, parece que es tradición en cada uno de mis viajes y hasta en mi vida diaria. Cuando veía el sol, pedí un par de deseos, que sin saber y sin quererlos de esa forma, al final del viaje, se cumplieron. No dijimos una palabra al estar frente al mar, nos sentamos a disfrutar y cuando el sol se había ido, pudimos voltear a vernos y hacer una mueca de satisfacción. 

Esa noche decidimos ir a un restaurante y pedir tanta comida y bebida como fuera posible, bien dijo uno de ellos "Hoy es vida de reyes, mañana quien sabe". Y efectivamente, los días siguientes terminábamos cansados y comiendo algo de la tienda jajaja. Tengo que aclarar que yo era la única mujer en el grupo, así que entré a la plática de "ligues" del tipo: "¿Vieron las piernas de esa morena? ¿Te sonrió la rubia? ¿Con quién hablabas en el bar?" Y fue bastante divertido. De hecho, una noche yo me quedé sola en el hotel mientras ellos iban a un bar. 

Gracias a que mi desvelo fue menor, pude realizar una caminata al amanecer. Amé ese momento. Estaba totalmente sola frente al mar. Caminé varios metros por la playa, hasta que el sol salió por completo. Me senté sobre la arena y envié un mensaje con una foto de la playa: "A veces uno elige mal". Y no es que sea malo, al contrario, elegimos mal y nos damos cuenta de todo lo que tenemos, así que en el mejor de los casos, aprendemos. En este viaje yo elegí despedirme y eso también se disfruta tremendamente. Soltar las botellitas en el mar es sólo para valientes.



Después de la larga caminata, me encontré con mis amigos en el muelle. En ese momento ya habían varias personas corriendo y haciendo ejercicio, absolutamente todas me saludaron, porque al ser un lugar tan pequeño, todos se conocen, aun siendo turistas. Ubicas a todas las personas, porque las encuentras cuando comes, cuando vas a rentar una bici, caminando en la playa, o en la misma lancha en la que harás algún tour. Es reconfortante sentir esa hospitalidad y buena onda, porque es un claro mensaje de "¡Hey, estamos en el mejor lugar del mundo!"

Llevé a todos a uno de mis lugares favoritos, que es en una punta de la isla, en donde el rio y el mar se juntan. Se llama Punta Mosquito. Como ya les había dicho, lleven repelente, o aprendan como nosotros a huir de los mosquitos, haciendo las caminatas por el mar y no por la arena. Nos tardamos más y también es más cansado, pero si eso sucede, sólo deja tu mochila en la orilla de la playa y regresas al mar para flotar. 

Al regresar de este lugar ocurrió la magia. Aprendí a dejarme caer en el agua, a dejarme llevar, confié. Y mi cómplice fue un hermoso atardecer, que todos contemplamos en silencio y con miradas de "volvimos". Probablemente ya no vuelva a compartir ese lugar con uno de ellos, pero estoy realmente tranquila y estoy segura que la próxima vez lo disfrutaremos de la misma forma. Yo no quería salir del agua, la escacez de olas, la contemplación y los colores del cielo me gritaban que no me fuera. 

El último día tuvimos que regresar a las doce a Chiquilá para poder llegar a tiempo al aeropuerto. Así que fui al muelle a despedirme. Mientras todos comíamos, les dije que regresaba rápido, tomé la cámara y corrí. Si, otra vez correr. Estuve mirando a las aves, y como una buena costumbre que tengo, analizando mi vida. En ese momento llegó uno de mis amigos y me dijo: "Jadis, no me quiero ir, quedémonos aquí". Él mismo fue quien me advirtió que "más valía que fuera el paraíso", así que le recordé su comentario y sí, estuvimos de acuerdo: es el paraíso. 

Espero que los inspire a conocer y cuidar de este bello lugar del mundo.
¡Disfruten el camino!


¿Cómo llegar? ¿Dónde hospedarte? ¿El tipo de transporte?
Aquí: El primer post de Holbox, con algunos tips.
¿Mi primera impresión de la isla?
Aquí: La crónica y anécdotas de mi viaje.
¿El cenote Yalahau?
Aquí: La fuente de la juventud.


1 comentario:

Moi Link dijo...

Hermosas fotos! increible lugar! de ley que iré, no se cuando pero iré :)