25.2.15

Gracias Buenos Aires

Gracias Buenos Aires. Me he repetido la frase durante semanas, porque he escrito durante 3 meses lo que me dejó y no he podido concretar ni puntualizar más, no alcanzan mis palabras, ni las letras, ni las sensaciones de todo lo que significó viajar a ésta ciudad, de cómo hizo que cambiara mi vida y la forma tan extraña de darle la bienvenida a lo que hoy mismo estoy viviendo. Nunca había estado tan marcado en mi vida la parte de "cerrar círculos", de ponerle palomita a algo que habías dejado pendiente. Y es que puedo decir que las pocas personas que recuerdan la historia se han sorprendido bastante con mi decisión de viajar de la nada y con el caos de mi vida a flor de piel. Quienes no conocen la historia, tendría que contarles 10 años de "algún día", 10 años de "estará acá", 10 años de una soledad compartida a través de la pantalla. Tal vez esa historia venda más que lo que estoy escribiendo ahora, pero no importa, la he vivido y eso basta.




Gracias a Buenos Aires puedo decir que me he perdido y encontrado, y no es que sea la ciudad como tal, pero es una buena forma de ponerle un nombre a la experiencia. Significó confiar. Significó decidir qué quiero sin importar lo que todos esperen de mi. Significó saborear y tener la libertad que me hacía falta.

Estuve en Buenos Aires y en la ciudad de Rosario, famosa por el Che, por Fito... Mi momento allá no fue cuando estuve acompañada y rodeada de personas que querían "tenerme", mi momento fue al regresar de Rosario a Buenos Aires en autobús, sola. De pronto me encontraba en la carretera, escuchando música, en el último asiento y con las piernas estiradas; por la ventana veía los campos verdes y el cielo completamente azul. Con mi mochila como compañera perfecta de asiento. No me había dado cuenta de lo que había hecho durante esas semanas, sino hasta ése preciso momento que sentí mío, todo mio, el mundo me pertenecía, era dueña de todo lo que quería. En mi cabeza todo era un "no estoy tan lejos", pero a ésa hora y en ése lugar me sentí lejana de todo y cerquitita de mi. Es de las sensaciones más placenteras que he tenido en mi vida, mis 27 se iban con todo lo que deseaba, sin miedo a controlarlo todo y con muchas ganas de seguir siendo.

No es nada sencillo lidiar con alguien como yo, ni siquiera soy fácil de comprender, a pesar de tener la cara de "me vale todo", en realidad me complico demasiado y he sido bastante temerosa. Así que el viaje me dejó a una yo distinta, salió la mujer Jadis que se tambalea, pero que disfruta plenamente. 

Al llegar nuevamente a Buenos Aires y bajar del autobús sentí un gran alivio y una ansiedad por ver todo lo que me quedaba. Tomé un "remis" que me llevó de noche al barrio de Boca, quería caminito nocturno, justo lo contrario a lo que todos me dijeron: "No vayas sola, ve de día y bien acompañada, tomá una excursión, una salida grupal, pero no sola ni tarde." Soy una mala persona, porque llegué cuando todo estaba vacío y sólo tenía el río a un lado y el sonido de una batucada a lo lejos. Caminé con cámara en mano y a contratiempo. Caminito es distinto de noche, es Argentina real, es más sincero. De pronto ya estaba en Perón y Sarmiento buscando alojamiento por unas horas. 



Siempre he dicho que soy una persona para compartir y que por eso escribo y tomo fotos y pido ser acompañada. Desde que recuerdo, mi vida había sido así. Allá me perdí para encontrarme. Encontrarme en un aeropuerto, con la anécdota más vergonzosa del mundo, con todos los alfajores en mi maleta, con todas las putas ganas de mostrar lo que me estaba pasando, anhelando un nosotros estuvimos, nosotros hicimos, nosotros sentimos... pero no, estaba sólo yo y mi elección de irme o quedarme. Estaba sólo la Jadis libre, la que aprendió que es su mejor compañía, la que se dejó caer sin alas, sin colchón, sin paracaídas.

Caminaba por Corrientes y de pronto 11 y 6, La Paz. Compré los discos esa misma noche. Entré a esa libería vieja sólo para que el señor me contara sus anécdotas mexicanas. Preguntaba por direcciones a colombianos, bolivianos, franceses, peruanos. Fui a una estación de radio y dijeron mi nombre en un programa con Dolina. Entré mil veces a una ferretería para acariciar a un gato que se acostaba sobre el mostrador. El señor del metro que jugaba con las personas, les pedía dinero para después decirles "argentinos pobres". Abrazar efusivamente a Mafalda y verla por todos lados. Vivir de panchos y empanadas. Quedarme atrapada en medio de una avenida, entre autos, sólo para tomar una foto. Perder fotos. Caminar a las 3am para comer frutitos de los árboles. Ver el tren. Mirar siempre hacia arriba. Perderme en la plazoleta de Cortázar. Llegar a ella por la calle de Borges. San Telmo y la calle eterna. Conocer personas y confiar en ellas. El mate y lo que vos decís de la cajeta y el dulce de leche. Imitarlos perfectamente. Ser morena. Correr bajo la lluvia y ver la más impresionante tormenta eléctrica. Los atardeceres y lo que me quiso el clima. La librería más soñada. La ropa me importó tan poco que ahora no tengo más porque creo que no vale la pena. Los museos que no vi. Las jacarandas y las fachadas. Los puestos de flores, amo las flores. El transporte que no duerme. La bicicleta que fue mi guía. Los baños más terribles. Los colectivos kitsch. Lo verde. El sueño cumplido. 



Tengo un montón de historias y me siento con las manos atadas para contar cada una de ellas, me parece que es tarde para decirlas.

Gracias Buenos Aires es un "volveré", porque me sigo debiendo más historias en la París de América. Gracias Buenos Aires es casi un Gracias Nuevos Aires, porque al regresar a ésta ciudad caótica, a éste México en pedazos, me sentí mucho más yo. Probablemente con una dualidad más marcada, con más miedo, pero con mucha más confianza. El mundo cambió, me puse en movimiento y todo llegó. La luz, lo no caótico, la sorpresa, las primeras veces, los enigmas, la intensidad, la certeza, la profunda y enorme certeza de que hice lo correcto, de que ese Gracias Buenos Aires es un "he cumplido mi promesa". Salí de la jaula para comenzar, con cajas nuevas, sin repeticiones, sin continuaciones, sin puntos suspensivos, sin los "quizás", con mundos diferentes y nuevas galaxias, con etiquetas de fragile en amarillo, con saltos mortales. Quiero lo mismo de vuelta. Ese Gracias Buenos Aires es un "el círculo se ha cerrado", para ahora poder dibujar un infinito con quien también quiera dibujarlo conmigo, en cualquier ciudad del mundo, en cualquier planeta, en la luna... en las caras de la luna.