29.12.15

29 el 29

Hace un mes cumplí veintinueve años y sigo sin creerlo. Mi primer blog lo comencé cuando tenía 17 años y en la parte "about me" escribí un texto que no dista mucho de la persona que soy ahora, pero que definitivamente ya no alcanza para describirme. ¿Cuánto he cambiado durante estos años? No sé, mi única certeza es que sigo siendo insoportable. 



La primera impresión que tienen sobre mí es que soy una persona muy seria, en este punto de la vida ya no se si me dicen que soy seria por no decirme aburrida, pero es un comentario constante. No dejo de hablar, soy una máquina de hilar palabras incoherentes y tengo pensamientos dispersos. Soy dispersa. Olvido rápidamente lo que quería decir y de inmediato comienzo con un tema nuevo, a la mitad de éste recuerdo el anterior, lo retomo y olvido lo que decía. Así, la mayor parte del tiempo. Si no hablo demasiado es porque tengo sueño, estoy rodeada de personas desconocidas, estoy observando, o simplemente me sobrepasa la persona que tengo frente a mí. 

Tengo defectos para alquilar, vender y regalar. 

Me gusta demasiado caminar, no tanto correr, sino caminar y caminar. En la ciudad tengo un problema, porque camino rápido y tratando de esquivar a todos. Las personas que me acompañan y no me conocen suelen molestarse o creen que los abandono por dejarlos atrás, pero no he podido evitarlo, es raro encontrar a alguien que vaya a mi paso o que no se enoje conmigo por eso. En otros sitios, que no sean mi ciudad, puedo ir muy, muy lento. Los museos como espacio. Me gusta visitarlos y observar a las personas, la museografía, la interacción con todo lo que le rodea. Los amo demasiado y muchas veces soñé con trabajar en uno, sólo que tengo la habilidad de hacer mis sueños realidad en el cuerpo de las personas que tengo más cerca.

Al fin comprendí que la música y yo tenemos una relación bastante estable, pero monótona. Puedo escuchar mil veces una sola canción, a un sólo cantante o banda y soy la más feliz. Ya no me importa desconocer sobre el vasto repertorio musical que existe en el mundo, ni aprenderme el nombre de todo. Me gustan demasiadas canciones sin saber su nombre. Y en cualquier momento cambio de opinión y comienzo a escuchar algo nuevo y vuelvo a casarme por meses con ese ritmo. 

Me reconcilié con mis clichés. La ñoña que pisa hojas secas, que habla con los animales, la que ve películas cursis y llora, que mete toda la cara a los libros porque no ve y porque le gusta olerlos, que sueña despierta, colecciona libretas y plumones, pinta con acuarelas en días solitarios, toma más mate cocido que café, y que quisiera ir por la vida sin zapatos, porque la vida así es más bonita. Podría ser un atardecer. Amo de forma muy particular éste momento del día, desde que era niña solía hablar con el sol minutos antes de que se ocultara, y sin tenerlo consciente, lo sigo haciendo. Soy culpable de ser una cursi y amarga sin remedio.

Mis obsesiones son bastantes, pero la más constante en los últimos años han sido los aviones, aun cuando sigo creyendo que moriré en uno, aun cuando he llorado en ellos. No importa. Todo lo que les rodea me atrae de forma inexplicable. Otra obsesión que sigo manteniendo y que así será hasta que muera, son los libros. Quiero ser un libro de pasta roja y dura. Lo sé, un cliché más, sobre todo si le agregamos París a la idea. 



Tenía razón, lo escribí al principio: Soy insoportable. He escrito esto con el estómago vacío y de madrugada, con mil ideas que quiero gritar, pero mis dedos no paraban de escribir y ha salido un verdadero caos, como yo. Ahora estoy acá, con un gato viéndome de forma muy extraña, con éste último año en los veintes, con más dudas, con demasiado yo, con la ansiedad de libertad y mirando el mundo con ésta miopía que aumenta cada día. Lo peor de todo es que me gusta ser insoportable.

Han pasado 29 años y me sigo aprendiendo, me releo en todo este tiempo y en muchos aspectos mi esencia sigue siendo la de una niña, no es que no quiera crecer, eso ya sucedió. Y soy infinitamente feliz de que pueda seguir llenando varias moleskine con mapas, dibujos, anotaciones y boletos, y sienta la misma emoción. Crecer o madurar no es sinónimo de dejar de disfrutar, de ser. Soy introspectiva, más de lo que me gustaría. Le hago muchas preguntas a la vida, pero también, encuentro respuestas a preguntas que lancé al cielo hace años. Lección aprendida: Todo vuelve, de formas insospechadas, pero vuelve. 

Ah, lo olvidaba, siempre he amado estos viajes desordenados al interior, porque al final, ordenan mejor las piezas de lo que teníamos planeado. Crecer es aprender a ser. 










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