Túnez
Posted: 6/03/2007
Me decidí tarde a comprar el billete, así que sólo quedaba Madrid-Tunez via Barcelona, unos 250 euros. Sobre el transporte de la bici en Aireuropa(Madrid-Barcelona) no lo tenían claro, según la web hay que pagar, si llamas por teléfono te dicen que no, y luego finalmente no hay que pagar ningún extra. Los de Tunis Air son mas coherentes, en la web no pone nada y tampoco te cobran nada. En ambas compañías se conforman con que la bici vaya embalada adecuadamente, sin mas. Yo utilicé la típica bolsa de Decathlón, pesa unos dos kilos, pero se enrolla mas o menos bien. El viaje en bici consistía en ir desde Tozeur a la isla de Djerba, cruzar el país de oeste a este en la parte sur, y de paso visitar el Sahara, no verlo sería como ir a Oropesa del Mar y no visitar el balneario de marinador.
Una vez en Túnez tocaba esperar unas seis horas hasta coger un vuelo regional Tunez-Tozeur. Los dos vuelos locales los compré en España, no por la web, que aunque se puede técnicamente, me aseguraron en la oficina de Tunis Air que nadie había conseguido comprar un billete en la web, ya no porque sólo esté en francés, sino por la usabilidad de la misma, es incomible. Los dos vuelos me costaron unos cien euros, el Tunez-Tozeur y el Djerba-Tunez. No hubo ningún problema con la bici, esta vez no sufrió daños. Una vez en Túnez capital,durante las seis horas de espera monté la bici y me di una vuelta por la periferia de la ciudad, ahí ya empecé a darme cuenta de que llamaba demasiado la atención, sensación bastante incómoda, mas a aún si vas solo. Pero sin pegas, me paré a cenar en un pequeño local de fast food moruna, ahí me tiré una hora tranquilamente, charlando con el dueño en el poco francés que sabía yo y el poco italiano que sabía él, pero como siempre que hay buen humor lo de menos es el idioma. Intentó impresionarme con la famosa harissa, una salsa excelente aunque igualmente picante, yo ya la conocía y dejé limpio el plato ante su estupor, horas más tarde volví a acordarme de la harissa..
LLegué a Tozeur sobre las once de la noche, había unos diez minutos en coche desde el aeropuerto al hotel que tenía reservado; en bici una media hora, pero como no tenía ganas de empezar a montar la bici, etc, decidí coger uno de los taxis. Se abalanzaron sobre mi unos cinco o seis taxistas, yo pensé, esta es la mía, a regatear y seguro que me sale muy barato; pues no. Seis euros por la bici y seis euros por mi, les repetí que "bocú daryán, se tro", pero ni con esas, todos tenían la misma tarifa, así que me subí en el primero que me quito la bici de las manos y la metió en la parte trasera de un peugeot 206 con la lunas rotas. Fuimos durante un rato sin luces, hasta que le advertí al taxista: "mesié, la lumier". Muy simpático, me bajó la bici y la subió hasta el hotel. Me alojé en el hotel El Arich (elarichtozeur@yahoo.fr), la habitación con desayuno cuesta 12 euros, podéis escribirles, son simpáticos y hablan inglés. Las cucarachas no sé si hablaban inglés o francés, no les di tiempo a que dijesen nada. Otra cosa, amén de las cucarachas, y que es común a muchos hoteles, es la costumbre de no cambiar las sábanas cuando se cambia de huésped, encontré algunos pelos y pequeñas manchas sin importancia dentro de las sábanas, pero como estaba en modo viaje, pues no pasa nada, se pone el saco y a dormir. Por la mañana, las toallas estaban limpias y el desayuno (en la terraza del hotel, donde se ve toda la ciudad) fue reconfortante. Pues nada, me di una vuelta por el palmeral que hay en la ciudad y por la ciudad en si. A los "jardines del paraíso" no entré, pues no me dejaban pasar con la bici, eso sí, podía dejarla fuera y ellos me la vigilaban, no quise comprobar si decían la verdad. Así que salí camino de Kebili, donde debía pasar la noche, a unos 94Km de Tozeur.

Mi bici en el lago de sal.
El viaje fue distraido y el paisaje muy bonito, pasé por un lago salado completamente seco, lleno de costrones de sal. Atravesé varias aldeas, en dos de las cuales tuve algún que otro problema. No paré en ninguna, pero intentaron pararme a mi, algunas personas al grito de "mesié mesié, stop stop" se ponían en medio de la calzada, y al ver que no parabas intentaban agarrarte de la ropa o las alforjas, así hasta dos veces; la técnica pues consistía en entrar a toda hostia y siempre por el centro de la calle. A unos 20 km de Kebili me tiraron piedras unos chavales, era lo que me faltaba para tranquilizar mi espíritu. Llegué a Kebili mucho antes de lo esperado y algo alterado. Me di cuenta de que allí no había nada que hacer ni ver, hice unos 30km mas y llegué hasta Douz, las puertas del desierto. Llegué muy cansado pero pronto encontré un hotel preguntando. Ducha, paseo por la ciudad y búsqueda de una excursión en 4x4 al día siguiente para visitar el desierto. Al final encontré, preguntando en el hotel, un chico que me llevaba al desierto, pero a cambio de 120 euros, decidí que no me compensaba. Me fui a cenar a un restaurante y allí conocí a dos italianos que iban por Túnez en Moto, estuvimos largo rato hablando y me contaron cómo ver el desierto a sólo 130 km de donde estábamos. El tema era bajar hasta Ksar Ghilane, a pide de desierto (a 140km), habia unos 70km de carretera asfaltada, la otra mitad, otros 70Km mas, era una pista unas veces de tierra, otras de arena, otras de chinarro. Soplaba mucho viento del este en una zona sin a penas árboles ni montañas, por lo que avanzar con la bici y con 140km por delante no era nada agradable. Tenía que llegar a Ksar Ghilane antes del anochecer, ya que no había nada en el medio y esta vez iba sin tienda de campaña.
Veía que no avanzaba por la carretera debido al viento, así que hice autostop para ganar unos kilómetros. Me recogieron un par de hombres que trasportaban petróleo en un camión cisterna. Pararon aquel monstruo y durante diez minutos discutimos la mejor forma de atar la bici en los bajos del camión, ya que no había dónde meterla. Me adelantaron unos 30km, dejándome ya en la pista de tierra y con unos 70km por delante. El viento continuaba, y esta vez con arena, bastante molesta. La cosa se complicaba cuando te pasaban los 4x4 a toda hostia y no se molestaban en soltar el pie del acelerador, eso sí, los hijoputas saludaban.
Tramo asfaltado. Douz-Ksar Ghilane.Llegué sobre las seis de la tarde al destino, el pueblo no tiene nada, unas cuantas chabolas, camellos, asnos y gallinas sueltas. El "campamento beduino" se encontraba escondido en un pequeño osasis lleno de palmeras y con bastante agua. Me alojé en una tienda beduina, muy orientada a turistas que piensan que realmente van a dormir como duermen los beduinos, en fin... Estaban hechas con tubos de pvc, mantas, alfombras y cubiertas con plástico negro, muy agradables, menos cuando llueve, y llovió. La cena fue abundante, repetí tres veces sopa y de segundo un gran plato de arroz blanco con carne, todo ello con pan y cerveza, una naranja de postre. Compartía campamento con un grupo de franceses. La primera noche cené solo, me pusieron en una mesa a parte y ninguno de los franceses con los que había mantenido alguna que otra conversación, que sí la "veló" tal y cual, se molesto en decirme "vente pa'ca y cena con nosotros". Después de la cena tocaba la fiesta beduina en la cantina del campamento, el personal comenzaba a tocar timbales y una especie de gaitas pequeñas, a la vez que algunos bailaban. Por supuesto los franceses no pararon de hacer fotos hasta dejar exhaustas las baterías de las cámaras con tanto flash. Yo ni bailé ni hice fotos, me tomé otra cerveza y al segundo bostezo me fui a la cama, había sido un día muy duro.

Simulacro de campamento beduino.
Por la noche me levanté a hacer pis, y el desastre se estaba fraguando. Una enorme tormenta de arena roja dificultaba la visión y el haz de luz de la linterna era perfectamente visible. A la mañana siguiente el viento cesó, pero toda esa arena estaba ahora en el cielo junto con unas nubes negras, tenía todo una pinta feísima, amenazaba ruina. Me acerqué a dar una vuelta por el oasis, el lago que debe tener todo oasis que se precie, y el propio desierto. A la media hora comenzó a llover, una mezcla de agua, barro y ranas. Tuve que volver y quedarme encerrado todo el día, entre la tienda y la cantina del campamento, estuvo lloviendo hasta las bien entrada la madrugada. En ese día vi llegar a varias excursiones de franceses en 4x4, los chóferes hablaban de grandes ríos que cortaban la carretera, imposibles de vadear con el 4x4, ¿y con una bici...? Otra vez cena y otra vez fiesta beduina, esta vez sí compartí cena y sobremesa con otro grupo de franceses, mucho mas simpáticos y sinceros, vamos, no parecían franceses. Al guía del grupo de turistas (me costó dar con él porque se hacía el sueco) le pedí que si me podían sacar de allí al día siguiente, ya que la carretera iba a ser un lodazal de cojones. El hombre, Tunecino, no estaba por la labor, así que añadí que yo pagaba lo que hiciese falta, me dijo que tenía que llamar a la agencia y que me diría al día siguiente. Al día siguiente brillaba un sol espléndido, asi que decidí salir a ver lo que me encontraba, me encontré al guía y muy sonriente me dijo que había hablado con la agencia y que eran 36 euros por sacarme de allí, le dije que naranjas de Túnez, que "se tro y or vuar".
El Sahara.Me puse de barro hasta las orejas pero la dignidad no se me manchó, salí de allí de forma gloriosa, con la admiración y reconocimiento del resto de turistas. Pero el barro no era todo, lo de "bocú de lo" que había oído la noche anterior era por algo, tres rios cortaban la carretera, dos de ellos imposibles de cruzar en coche. Me encontré gente en coche parada esperando a que el agua bajase, pero tenía pinta de no hacerlo. Ya estaba dispuesto a remangarme y quitarme los zapatos para cruzar con la bici al hombro cuando apareció, providencialmente, la policía, junto con un responsable de la oficina de turismo. No hizo falta decirles nada, cuando me quise dar cuenta estaba dentro del 4x4 y la bici en el maletero. Me cruzaron el río, les dije que ya estaba, que me bajo aquí, pero fueron a querer decir algo así como: "estás que vas...". A unos pocos kilómetros estaba la madre de todos los ríos, un torrente de casi un metro de profundidad y una anchura de 10 metros. El panorama era distraído: coches volcados dentro del río, otros intentando sacarlos, gente que había pasado la noche allí, el ejército intentando ayudar, un drama. El señor de la oficina de turismo me contó que allí lo de ver la lluvia es como ver un político honrado en Marbella, que es cosa excepcional, y tanto... Un camión del ejercito con bastante calado me ayudo a cruzar el río, ya seguí yo solo, sin mayor novedad hasta el siguiente destino: Matmata.
Llegué un poco tarde, sobre las 6, pues perdí bastante tiempo en el barrizal de Ksar Ghilane. La carretera, una vez en el asfalto, era muy buena, alguna pequeña subida pero en general muy cómoda. En total hice unos 100km ese día. Matmata es famosa por sus cuevas habitadas, tenemos dos ciudades, la nueva y la vieja. Esta última fue arrasada a finales de los 60 por unas inundaciones, tras las cuales mucha gente se fue a unos 7km más allá de la ciudad fundando la nueva Matmata. Las guías dan una idea equivocada de lo que es la ciudad, a penas vive gente ya en cuevas, y las pocas que hay son chiringuitos anunciados sobre trozos de cartón: "Pasen y vean la casa troglodita". Lo mejor, a mi juicio, el paisaje. Me recordaba, o mejor dicho, era exactamente igual que la vega media del río Segura. Juzguen ustedes:

Nuevamente al hotel, me alojé en el primero que vi con buena pinta, el hotel Koussaila, aparece a la derecha atravesando el pueblo en línea recta por la calle principal, no tiene pérdida. Muy buen hotel, por encima de la media, 24 euros con cena y desayuno, no está nada mal, la cocina fetén, pero la bebida es a parte, tienen cerveza. Muy limpio.
Al día siguiente tocaba ir a la isla de Djerba, según la guía es un paraíso idílico, según yo es una castaña que no merece la pena ser visitada, sin mas. Como hice caso a la guía planifiqué dos noches allí, con idea de dar la vuelta a la isla al día siguiente, por lo que hablo con conocimiento de causa, me la vi entera. De Matmata a Houmt-Souk(la capital de la isla) hay unos 120km, por la C116, si cogemos la C118 pasando por Medenine entramos por el sur, un tramo unido a tierra, por lo que no hay que coger ferry. El paseo es agradable, pues al principio es todo caida, Matmata está a unos 520m sobre el nivel del mar y vamos precisamente hacia el mar. Una vez en El Jorf debemos coger un ferry, el ferry es gratuito y las bicis pasan sin hacer cola, lo que es de agradecer, pues se suelen formar unas buenas peloteras, sobretodo en verano. No obstante pude contar hasta 6 barcos que prestaban el servicio, por lo que no creo que la espera sea mucha.
Me costó bastante encontrar hotel, hotel con buena pinta, quiero decir. En el que mejor estaba, estilo occidental, no había sitio, así que anduve de arriba a abajo por la capital de la ciudad y solamente vi hoteles con aspecto de no estar muy limpios, ya desesperado me metí en uno que había en una calle muy comercial y céntrica, pensando que estaría bien. Era exagerandamente barato, unos 6 euros la noche; aquí fue cuando entendí la máxima de todas las guías: "pide antes ver la habitación", yo la vi después. Pero con la misma cara con la que el dueño me metió en un cuarto sin ventana y con la ducha a los pies de la cama sin cortina ni separación en la que costaba respirar, cogí la bici y me largué: "escuse mua mesié, me la chambre se ne pa bon, or bua". Y me puse a buscar otro hotel, pregunté a una pareja de rubios, que parecían no ser locales, si conocían un buen hotel, ella me miró horrorizada y reprochándole al marido haberla llevado allí, me dijo: "...a good hotel!". Entendí entonces la situación y bajé mis exigencias. Dando mas vueltas encontré por fin el hotel Nouzha, frente al estadio y la gasolinera. No es gran cosa, pedí antes ver la habitación, maté un par de cucarachas y le dije al recepcionista que "dacord, tre bian", 9 euros la noche sin desayuno. Ducha, paseo por la ciudad, cena en un restaurante donde un turista nunca entraría, los mejores, y a dormir.
.Al dia siguiente me di la vuelta a la isla, unos 80km de carretera perimetral. Djerba tiene una parte construida sólo para el turismo, para turismo casposo y cutre, hotel con hotel, a cual mas hortera, en primerísima línea de playa, nombres como "Hotel Fiesta Playa", "Hotel Palm Beach", etc, todos con discoteca y casino. Una sucesión de hoteles durante 20km. Tiene mas encanto el puerto, donde hay barcos locales de pescadores, cafés, etc.

Isla de Djerba.

Puesta de sol en Djerba, vista desde el puerto.
Al día siguiente madrugón para coger el avión a Túnez capital, desayuné en un café local, donde la gente se sienta mirando a la calle como si ésta fuese un espectáculo. En estos cafés no entran los turistas, sólo tunecinos, tampoco tunecinas. El café con leche suele ser muy bueno al igual que los dulces y bollos, todo por 50 céntimos.
Nuevamente en Túnez me dirigí al centro de la ciudad para buscar hotel, el caos circulatorio es mayúsculo, las normas de tráfico no son vinculantes en Túnez, por lo que si te paras en un semáforo en rojo el de atrás está en su derecho de pitarte para que bien te apartes o te suicides con él. Cansado ya de pisar cucarachas y de dormir en saco me apetecía un hotel bueno, así acabé en Excel, uno de los clasificados como caros en la guía. Entré y pregunté el precio, el botones me ayudó a meter la bici en recepción. El recepcionista me dijo que 80 dinars, yo resoplé, pues me esperaba algo menos, tras el resoplido el recepcionista volvió a hablar: 70 dinars, bajó mil pesetas, algo era algo, resoplé nuevamente e hice amago de irme, pero nada, no bajaba mas; en ese momento sonó un trueno terrible y comenzó a diluviar, lo cual hizo que tomase una decisión. No me estaban engañando, en teoría, en la tabla de precios la habitación costaba 80 dinars. Todo correcto y limpio aunque algo cutre para costar casi 50 euros y estar en Túnez, pero está céntrico, en la avenida Habib Burguiba, a tiro de piedra de la Medina. Y con la Medina acabo, poco tiene que decir, muy bonita y angosta, llena de comercios y de gente que te quiere meter en su local a toda costa.

La Medina de Túnez, no os metáis en bici.
Al día siguiente por la tarde tenía el vuelo de regreso a Madrid, durante la mañana di un nuevo paseo por la ciudad y alrededores con la bici, después de comer tome camino al aeropuerto, el vuelo sin novedad y otra vez en casa.







