3.5.16

Cascada de Apatlaco

Siempre quiero volver, es una constante en mi vida y tengo que aceptarlo. Justo así, como esa canción escrita por Armando Tejada: Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida. 

Tengo grandes recuerdos de éste lugar, específicamente de Paso de Cortés y cada vez que lo visito coincide con un cierre de ciclo en mi vida. Dudé varias veces en ir, porque tenía miedo de regresar. (De volver a sentir) ¿Cuántas veces no creemos que al llegar a ese sitio tan conocido y familiar, puede ser un reinicio en la vida? 

Fui invitada por un amigo, llegamos alrededor del mediodía y recorrimos un poco por caminos prohibidos. Reencontrarme con el Popocatépetl me emocionó muchísimo y no paraba de mirarlo y al mismo tiempo, temerle. Después de un rato, mi amigo Tona decidió ir a un lugar muy cercano que yo no conocía, se llama: Apatlaco. Se llega por un camino de terracería dentro del mismo parque Izta-Popo y a unos minutos del refugio en Paso de Cortés. En Apatlaco hay un lago y pequeños ríos. Ahí realizamos un pic-nic muy divertido, entre vino, quesos y bastante comida. Caminando entre el bosque está una famosa cascada, el agua proviene del deshielo del volcán Iztaccíhuatl. Debo confesar que no me gustan mucho los parques, pero a pesar de las personas alrededor, pude quedarme un buen rato contemplando el agua y tomando fotos. Amo los sitios fríos. 


Al regresar, le dije a Tona que detuviera el auto, vi el volcán y el camino solitario, y no pude contener mis ganas de capturar con la cámara al menos un poco de lo que veíamos. Había un silencio espectacular, podría decir que gritaba y esa sensación la extrañaba mucho, el campo me invitaba a imaginar muchísimas fotos. No paraba de hacer click, hasta que a punto de que el atardecer nos tomara por sorpresa, subimos al auto y a toda velocidad fuimos detrás de él. En otra parte de la carretera, saliendo del parque, se veía increíble. En ese momento sucedió algo muy gracioso, corriendo con cámara en mano hice un par de fotos como prueba para un autorretrato y cuando estaba a punto de posar, el sol desapareció y un auto se puso frente a mí. (Era una familia que al vernos entusiasmados viendo al vacío, se detuvieron para también disfrutar el atardecer). El resultado fue una linda foto de prueba con Tona como protagonista. ¡Y claro que lo envidio!


El viaje fue corto, pero perfecto para despejarme y desaparecer un poco de la realidad en la ciudad. Un paréntesis en la rutina siempre es un gran respiro. Al final, aprendí que volver también es viajar. "Por eso no partas ahora soñando el regreso, que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo".