2.11.15

¿Te da miedo viajar sola?

Desde hace mucho tiempo, esta es una de las preguntas que con más frecuencia me han hecho. Y no es que sea una experta, ni que haya viajado a muchos sitios, es simplemente que me he atrevido y muchas personas se muestran sorprendidas ante esto, porque no les parece común, comenzando por el gran prejuicio: soy mujer, no puedo.



La primera vez que viajé en avión lo hice sola, a penas cumplí la mayoría de edad, no lo dudé. La verdad es que, cuando compré el pasaje fue tan rápido que no me dio tiempo de pensar o meditar lo que estaba a punto de hacer. Soy una persona que se pone muy nerviosa ante situaciones que son comunes para otros, tanto así que alguna vez me desmayé en la preparatoria cuando iba a exponer un tema frente al grupo. Claro, tomar la maleta e irme no me causaba la misma sensación. Esa vez mi mamá lloraba y lloraba en el aeropuerto, para mi era bastante normal, ya está, subo al avión y vuelvo en unas semanas, no pasa nada. Crucé seguridad, llegué a mi sala para abordar y seguía sin tener el mínimo miedo. Una vez dentro del avión, antes del despegue, comencé a sentir esas cosquillas de nervios. Ahí supe que estaba sola. Para colmo, nadie más se sentó a mi lado. Estuve atenta a todo, veía cada detalle, o al menos lo que la miopía me permitía. La sensación de elevarte, el ruido, los sonidos de la cabina, las ventanillas imposibles. Lo ame. Si, tuve miedo estando ahi, cuando me di cuenta de que estaba sola, pero pudo más todo lo que estaba viviendo, pudo más la imagen que había creado en mi mente. Ganó la batalla el "puedo". Al aterrizar e ir por mi maleta, esa escena de esperar en la banda, era emocionante. Algo que ahora es en automático, que es mucho más normal, en ese momento lo era todo, como todas las primeras veces. 

Me perdí en una pequeña ciudad frente al mar. Durante ese viaje estuve mucho tiempo sola, así que lo ocupaba para conocer el lugar. Un día sólo caminé y caminé. Llegué a un sitio que ya no era nada turístico, en donde los niños cruzaban el rio por un puente para ir a la escuela. Me detuve. Tenía la opción de regresar por donde había llegado o buscar una nueva ruta. Si, escogí una nueva ruta. En aquél año no teníamos la facilidad de consultar Google Maps en nuestro celular, es más, a penas y tenía internet en el. Así que fue totalmente el sentido común lo que me estuvo guiando. Claro que tuve miedo, suelo darme cuenta de los "peligros" mucho tiempo después. Ahora sólo confío. El mundo no puede ser tan horrible como todos nos dicen. Llegué a la orilla del mar sana y salva. Como autoregalo por no haberme perdido. me senté sobre la arena a ver el atardecer. Un chico que rentaba caballos se sentó a mi lado, me ofreció el viaje a caballo gratis o para tomar fotos. Le dije que no, pero siguió a mi lado, platicamos un buen rato y al final, le agradecí sus palabras, porque entre tantos temas, me dijo que disfrutara y compartiera lo que veía. Eso probablemente no hubiera sucedido de haber ido acompañada, tal vez no me hubiera perdido, ni hubiera visto el rio, no lo sé. 

Viajé sola por primera vez a otro país. A pesar de tener cerca EU, Cuba, Belice o Guatemala, no. Decidí ir al final del continente americano: Argentina. La misma historia que en mi primer viaje en avión, mi mamá diciéndome que me fuera rápido porque si no iba a llorar, yo con una bolsa y una mochila. Control de seguridad, sala de abordar, subir al avión. Todo estaba bien hasta que me di cuenta de las horas que me esperaban ahi sentada. Estar sola durante el trayecto hizo que mi cabeza volara, ja. Reflexionaba bastante, no sabía qué sentir. Al llegar a mi primera escala tuve un poco de miedo porque el vuelo se retrasó, pero como siempre, era más la adrenalina y emoción. En mi segunda escala todo estuvo mucho mejor y hasta ayudé a una persona, me agradeció muchísimo porque no sabía a quien preguntar. La guié hacia la sala de abordar, le confirmé el número de vuelo y antes de que ella subiera al avión, fue hasta mi lugar para desearme buena suerte en mi viaje. Fue muy lindo. La maravilla de la empatía, de la confianza. Insisto siempre en que no todo es tan malo. 



Escogí esas tres pequeñas historias o situaciones porque son bastante generales, porque sinceramente no me había dado cuenta de eso hasta que comenzaron a preguntarme si no he tenido miedo. Y no lo sé, he tenido miedo como todos, pero el empujón de querer hacerlo es mucho mayor. Me parece que gracias a mis padres he podido ser un poco más libre, y hago énfasis en ellos porque desde niña me dejaban ir a campamentos escolares, cursos de verano lejos de casa y mi papá me animaba siempre a ir por el camino menos transitado, ahi mi mamá era la miedosa, pero al final se atrevía. Si mi papá veía el camino de asfalto y un camino no trazado entre los árboles, prefería el segundo. Familiares los criticaban por "dejarme sola" a tan corta edad, pero eso no les importó a ellos, me apoyaban e impulsaban para que yo pudiera experimentar algo distinto. A pesar de todo esto, siempre fui muy solitaria, como un pequeño erizo. No hablo demasiado frente a muchas personas, soy introvertida en muchos aspectos y si, soy miedosa. 


Para viajar sola no necesitas de nada más. Ni de un gran espíritu aventurero, ni ser extrovertida, ni una infancia diferente, es sólo querer hacerlo, abrirte a las posibilidades y si te gusta la idea, desafiarte. El peligro que todos nos dicen que hay, lo podemos encontrar, a veces, a la vuelta de la esquina. ¿Por qué vivir con esa idea? ¿Por qué creer que otro lugar es peor? Aléjate de las telarañas. A mi me han tocado esas primeras veces sola por azares del destino, pero me encantó y no me arrepiento de nada. Lo que he podido aprender es justo eso, que a pesar de viajar sola, nunca lo he estado. Si bien, me falta muchísimo por conocer, ya he dado el primer paso y ese es precisamente el que me gustaría que también dieras. Comenzar por algo cercano, con actividades que regularmente haces en compañía, hacerlas sola, estar atenta a lo que pasa a tu alrededor. Si viajas más lejos, investiga bien sobre el lugar, pregunta todo y atrévete. Vaya, que escribo hacia una mujer, porque son quienes más se han acercado a mí para preguntar, pero esto va sin distinción de género. Al final, lo que realmente importa es disfrutar el camino y lo más interesante es conocernos a nosotros mismos, porque ese, a pesar de todo, es el verdadero viaje en solitario.