5.8.15

¿Quién es Flavio?

No es una historia fácil, pero ahora mismo tampoco es una historia imposible. Es más común de lo que parece, porque las distancias son más cortas, porque el mundo de pronto es muy pequeño y porque estamos más abiertos a aquello que nos daba miedo. Es una historia de vida, de tiempo, de infinitas esperas, de amor, pero sobre todo de lecciones. Él es Flavio y lo conocí en el 2004 en una sala de anime de latinchat.



Mi adolescencia, como la de muchos otros, era un torbellino de emociones. Siempre he sido un poco antisocial y cumplir 17 con una preparatoria que se me iba de las manos, una familia rota y los pocos amigos cercanos, fue complicado y me fui haciendo bolita en un sólo lugar. Me refugié en una página que se llamaba Diarios Gratis, y escribía lo que me sucedía de una forma muy, muy personal y detallada. Justo en el sube y baja de emociones y con tanto ocio, entré a latinchat, específicamente a una sala de anime, porque en mi ingenuidad, al no saber absolutamente nada de anime, pensé que alguien más podía darme algunos consejos sobre películas o lecturas. Encontré a un chico de Argentina llamado Diego y 6 años mayor, platiqué bastante con él y salí de esa terrible sala de chat. Esa misma tarde él le dio mi mail a Flavio, (ahora mismo no se por qué, ni siquiera él lo recuerda) y comenzamos a escribirnos. 

Al principio era pasarnos canciones, un poco el gusto a Calamaro y Joaquín Sabina surgió de ahi, hablar de trivialidades. Él también seis años mayor. Hasta que pasaron semanas y nos contábamos la vida, eran mails larguísimos en donde nos desahogábamos, años después dijimos que fuimos "soledades encontradas", pero nos sentíamos cercanos, apoyados. Pasamos seis meses así, con llamadas muy costosas, con mensajes al celular. Hasta que él me dijo que vendría a México. Estuvo ahorrando bastante. La vida amorosa a distancia no era tan sencilla como ahora. No existía Facebook, Twitter, mucho menos Whatsapp. 

Algo sucedió y nos dejamos de escribir con frecuencia, ya era muy difícil coincidir para estar frente a una pantalla a la misma hora. Fue cansado y un día ya no le creí más. Pasó el tiempo y tuve una relación en vivo y a todo color. Cuando me di cuenta, de pronto ya estaba por cumplir 22 años. Y la historia volvió a comenzar. Otra vez mails, llamadas frecuentes. No, ya no era la gran ilusión de los 17, pero seguía estando. Todos mis amigos me decían que estaba loca, que él no me quería, que era una freak, que tenía que conocer "personas reales". Otra vez la promesa de "iré" y otra vez no sucedió. Meses después de cumplir 22 años conocí a Nef, en una suerte de casualidades de la vida y reconociéndome, reconociéndonos. Enamorándome profundamente. Terminamos hace un año, después de más de 5 años de relación.

La vida es muy curiosa. Los viajes me estaban llamando hace tiempo, y en un arranque de locura le escribí a Flavio y le dije que iría. No tenía idea de cómo iba a sobrevivir, de qué pasaría. Mi decisión se basó en una fotografía, podría decir que suena ridículo, pero fue como un recordatorio de que tenía que "cerrar círculos" para sentirme mejor, para entonces sí, comenzar otra vez. 
Parece que nos copiamos la pose, los colores invertidos, los animales, la orilla del camino, la mochila, pero no, son fotos de distintos años y no sabíamos que existían. La "coincidencia" fue tal, que nadie me quitó la idea de viajar. Tengo que confesar que una vez con pasaporte en mano, ya no quería. Nef estuvo en todo momento, y si no se dio cuenta de eso, fue porque no quiso. Pasé semanas pensando en que no era cierto, que no iría. Era un presentimiento, sabía que tenía que hacerlo, pero me daba mucho miedo. Cuando al fin llegó el día, quería correr y salir del aeropuerto. 

Al regresar a México, todas las personas que conocían la historia de diez años, me preguntaban cómo había sido ese primer encuentro. Y así fué: Sellaron mi pasaporte, esperé mi maleta y fui al baño. Me lavé la cara y caminé triunfante, lo vi después de unos segundos, estaba detrás de una columna. Sonreímos y caminamos para encontrarnos. Nos abrazamos y de inmediato, como si nos hubiéramos visto ya en persona, comenzamos a hablar de cómo llegar al centro de Buenos Aires, dimos unos pasos, me ayudó con la maleta y me tomó de la mano. Todo, absolutamente todo fue natural. Nada de dramatismo, nada de exageraciones.

Recorrimos Buenos Aires juntos y separados. Lloré la primera noche, porque recibí un mensaje de México, y supe que algo se había roto, que había cambiado. Flavio siempre me ha comprendido, al final, fueron diez años de mails y de estar ahí. Al caminar por Corrientes, al perdernos frente al museo, en un montón de lugares Fla me preguntaba si pensaba en él, y no podía ocultarlo, veía todos los bellos edificios y pensaba en cómo quería mostrárselos, tomaba fotos pensando en él. Fue una lección muy grande. Una situación extraña, hasta con la ciudad, la comparaba con Chapultepec, con la Condesa, o decía "ésto es muy de La Roma". Las semanas ahi fueron un constante aprendizaje. 



Flavio sabía que mi llegada era un "cerrar círculos", era un check en la lista de cosas por hacer en la vida, que ir más que para iniciar, era para terminar. Me pidió que no me fuera, me dijo todas esas palabras bonitas de amor que una chica quiere escuchar, hasta el "si quieres que nos casemos, nos casamos, no me importa eso, sólo estar contigo". Conocí a su familia en Rosario, su madre aun me envía saludos y hasta ha llegado a soñarme. Me mostró mis fotos, las que guardaba durante tantos años, conversaciones, mails. Conocí a Diego, el primer contacto de latinchat. Caminamos por el centro de Rosario, nos empapamos por culpa de una gran tormenta durante la Feria de las Colectividades, fue realmente lindo. Tal vez, el recuerdo más vivo que tengo es de una mañana, abrí los ojos y él estaba frente a la computadora, estaba poniendo una canción de Fito y le pregunté por qué ponía eso si no le gustaba, me respondió "pero a vos si", después caminó a la cocina y me dijo que fuera, que la comida estaba lista. Sonreí y canté lo que había puesto "Yo vengo a ofrecer mi corazón..."

No puedo estar más agradecida con Flavio. Muchas personas, hoy mismo no me comprenden, pensaban que iba para quedarme, para vivir la historia de amor que vemos en películas, no lo se. Él y yo sabemos que siempre estaremos el uno para el otro, sabemos que sí existe el amor incondicional. A mi regreso, me apoyó en todo, porque no fue nada fácil. Él ahora con 34 años, yo con 28. Afortunadamente cambiamos. Tenemos vidas muy distintas y tal vez, direcciones opuestas, pese a todo lo que sucedió durante éstos 11 años, los reproches, las parejas, la distancia, la inmadurez: estamos. Gracias a eso, me conozco mucho más. y reconozco lo que hoy quiero y lo que no. 

Por más años que hayan pasado, creo que llegué a tiempo. Fue un viaje de reconocimiento. Al regresar, comprobé que fue por amor y que no me equivoqué.
Cumplí la promesa.


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